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Recientes avances en el estudio del Alzheimer ayudan a su prevención y dan esperanzas a los pacientes

Hoy se sabe que uno de los principales desafíos para frenar el Alzheimer es que no existen fármacos para su cura, de manera que entender cómo tratarlo y prevenirlo es fundamental.
En esa línea, la ciencia ha logrado recientemente importantes avances, a los que se suma una investigación presentada ayer por la Asociación Médica Británica.
El estudio, realizado por científicos de la Universidad de Sheffield (Reino Unido), arrojó que el ácido ursodesoxicólico -una droga utilizada para tratar la cirrosis biliar- también podría combatir este tipo de demencia.
Al aplicar el fármaco a tejidos cerebrales de pacientes enfermos, los científicos comprobaron que este fue capaz de mejorar el funcionamiento de las mitocondrias, un mecanismo a nivel celular que suele estar afectado en personas con ALzheimer.
Aunque esto no significa que su administración podría curar la enfermedad, se esperaría que la energía que les da a las células refuerce el cerebro en caso de que aparezca, comenta el doctor Nibaldo Inestrosa, director del centro de envejecimiento y regeneración CARE UC.
“Las neuronas requieren mucha energía, y si las mitocondrias están en buen estado como para protegerlas cuando tienen problemas, habría menos neurodegeneración”, explica Inestrosa.

Estilos de vida

Algo positivo, aseguran los especialistas entrevistados, es que la evidencia reciente muestra que el 30% de los factores de riesgo de desarrollar Alzheimer son modificables. Ejemplo de ellos es una de las investigaciones más extensas publicadas hasta ahora -6.583 estadounidenses que fueron seguidos durante 36 años-, la cual encontró que aquellos con mayor grasa abdominal tenían tres veces más probabilidades de desarrollar demencia tres décadas más tarde. “Este tipo de grasa libera citoquinas, hormonas que le dicen al cerebro siga comiendo, pero además activan negativamente las células neuronales y alteran su vitalidad asegura Inestrosa.
Algo parecido sucede con el azúcar, añade, según han arrojado sus estudios en ratones. “Vimos que al darle fructosa, ellos empiezan a perder habilidades cognitivas. Y en los ratones que espontáneamente se enferman de Alzheimer la fructosa hizo que la enfermedad apareciera más rápido”, explica el experto.
Otro estudio recientemente publicado en la revista The Lancet demostró que una intervención combinada entre ejercicio físico, actividad social y control de riesgo cardiovascular tenía un efecto significativo en la disminución del riesgo de Alzheimer.
“Es uno de los trabajos más completos que se hayan hecho hasta ahora y básicamente comprueba que cuidar la salud cardiovascular, hacer ejercicio y mantenerse activos cognitivamente sirve como prevención”, comenta la neuróloga Andrea Slachevsky, subdirectora del Centro de Gerociencia, Salud Mental y Metabolismo, GERO.
Para quienes ya sufren la enfermedad, es importante entender que existen tratamientos, aunque no se tenga la cura, afirma Andrea Paula Lima, investigadora del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica, quien lleva más de 10 años estudiando el tema.
“Algunos hallazgos recientes han demostrado la importancia de la música en el tratamiento de estos pacientes”, dice Paula Lima. Así lo indica un estudio estadounidense publicado este año, el cual sugiere que los tratamientos basados en la música mejoran muchas funciones cognitivas importantes en varios tipos de demencia, incluyendo el Alzheimer.
“Se demostró que la corteza cingulada, una parte del cerebro que se preserva en pacientes con demencia, se activa y se rescatan las memorias. Eso se correlaciona con la práctica clínica. Es evidente que la persona se conecta, incluso los que están más postrados”, puntualiza la especialista.

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